Sonrisas y Cine

Divine Comedy (2025)
Dirigida por Ali Asgari
Irán · 98 min

Ali Asgari y el cine iraní contemporáneo

En la pasada edición del FICX pudimos ver Divine Comedy (2025), la última película del director iraní Ali Asgari. En los últimos años, este director y guionista se ha consolidado como una figura destacada del cine contemporáneo iraní y, pese a contar todavía con una filmografía breve, ha recibido ya más de ciento cincuenta premios internacionales.

Asgari estudió cinematografía en Roma durante casi una década. Todas sus películas retratan vidas marcadas por la vulnerabilidad y la opresión: jóvenes enfrentados a estrictas normas sociales, mujeres obligadas a ocultar aspectos esenciales de su vida o personas en general que chocan frontalmente con una burocracia férrea gestionada por instituciones inflexibles. En su cine, el aparato del Estado no se limita a censurar; su misión es aún más represiva y manipuladora, ya que aspira a que sea el propio individuo quien modifique su obra, su comportamiento o incluso su pensamiento para ajustarse a los dictados de un poder teocrático.

De Disappearance a Divine Comedy

Asgari se dio a conocer internacionalmente en 2017 con su primer largometraje, Disappearance, presentado en los festivales de Cannes, Venecia y Toronto. Desde entonces, su recorrido internacional no ha dejado de crecer. Hoy, Ali Asgari es considerado una figura clave de la cinematografía crítica e independiente de Irán.

Su estilo es sobrio y cercano al minimalismo, sostenido por un lenguaje de gran carga poética que da forma a relatos centrados en las vicisitudes de personajes enfrentados a situaciones cotidianas dentro de una organización política y moral tan rígida que acaba por usurpar incluso los deseos más básicos de sus ciudadanos. Lo que distingue a Divine Comedy de sus trabajos anteriores es la incorporación del humor, hasta ahora ausente en su filmografía. No se trata, sin embargo, de una comedia ligera, sino de un humor amargo, profundamente crítico y cargado de ironía.

Teherán como laberinto burocrático

El escenario vuelve a ser Teherán, su ciudad natal. La historia se construye como un recorrido por la ciudad en la búsqueda incesante de un lugar donde proyectar una película en turco-azerí que nunca se ha proyectado en Irán. Pero esta es rechazada por las autoridades culturales y el director (Alireza Khatami) en compañía de su productora (Sadaf Asgari) buscan organizar una proyección clandestina. Un simple acto que lleva a sus protagonistas a desplazarse de un lugar a otro, como si atravesaran un laberinto administrativo, para alcanzar un objetivo tan inocente como mostrar una obra cinematográfica. En ese trayecto, a bordo de un scooter rosa conducido por ella, se van encontrando con personajes, obstáculos y situaciones que evidencian la asfixia del sistema, todo ello narrado desde un tono cercano a la comedia.

Una comedia amarga y luminosa

Sadaf Asgari —sobrina del director en la vida real— y Alireza Khatami protagonizan esta historia sencilla y luminosa. Asgari ya había trabajado anteriormente con ambos: con Sadaf en Ta farda (2022), estrenada en España con el título de Coraje, y con Khatami codirigió Terrestrial Verses (2023), una película especialmente recomendable.

Resulta fácil comprender las enormes dificultades a las que se enfrentan Asgari y otros grandes cineastas iraníes, dificultades que en muchos casos incluyen la censura o incluso penas de prisión. Por eso es tan valioso que puedan llegar hasta nosotros obras como Divine Comedy: una película sencilla, minimalista y poética que, pese a todo, irradia una luz profundamente humana ·