Amistad, música y duelo generacional

Stereo Girls (2025)
Dirigida por Caroline Deruas-Peano
Francia · 90 min

La adolescencia como territorio emocional

En su segundo largometraje Caroline Deruas-Peano se adentra en la memoria de su adolescencia para filmar la juventud, no como un estado permanente de euforia, sino como un territorio frágil donde la intensidad emocional convive con la búsqueda y la reafirmación de la identidad en un mundo que aflora y se abrirse ante los ojos de quien, con valentia e incredulidad, busca comérselo a bocados.

Charlotte y Liza, interpretadas por las brillantes Lena Garrel y Louiza Aura, viven pegadas la una a la otra, como si el mundo solo tuviera sentido en estéreo. Comparten música, sueños de fuga, tardes sin objetivos concretos y una certeza absoluta: nada puede romper ese vínculo.

Acaso, ¿quién no ha soñado alguna vez con escapar de las garras familiares y emprender una nueva vida con su BFF (Best Friend Forever)? Hasta Los Manolos nos lo dejaron clarinete en los JJOO de Barcelona ’92:

Amigos para siempre
Means you’ll always be my friend
Amis per sempre
Means a love that got no end
Friends for life
Not just a summer or a spring

La película capta esa sensación con una energía contagiosa, apoyada en una banda sonora pop que no funciona como simple nostalgia, sino como una extensión emocional de los personajes. Cada canción parece un refugio, un lugar donde quedarse a salvo entre tanto ruido. La música, como a toda juventud que adolece la vida, sirve para expresar los primeros sentimientos de amor y libertad, que se exploran con la imaginación mientras la rutina y las obligaciones atrapan la cotidianidad.

Por otra parte, el giro dramático no irrumpe como un golpe efectista, sino como una grieta silenciosa. A partir de ahí, el filme se vuelve más introspectivo y abstracto, buscando, a través de un viaje onírico, el sentido de la pérdida.

El giro hacia el duelo y lo onírico

Deruas-Peano arriesga acertadamente al permitir que la narración se deshilache, que los recuerdos se mezclen con lo imaginado, que la ausencia se vuelva casi palpable. Y aunque no todo encaje de forma limpia —quizá porque en la vida siempre existen desequilibrios—, ahí reside la mayor honestidad de esta historia. El duelo no es ordenado, ni elegante, ni coherente, parece decirnos la directora; más bien es el naufragio en el interior del ojo del huracán.

Visualmente poderosa, Stereo Girls vibra con una colometría que retrata a la perfección la época, sin resbalar en la pátina de filtro de Instagram o de videoclip retro, logrando transmitir un onirismo sutil que nos invita a navegar a través de nuestros propios recuerdos, aunque pueda resultar a veces un ejerccio doloroso ·

Escena de Stereo Girls (2025) con dos jóvenes protagonistas cantando y tocando un teclado en una habitación.