Premios Goya 2026: Género y representación

El próximo 28 de febrero Barcelona acogerá la gala de la 40.ª edición de los Premios Goya, presentada por Rigoberta Bandini y Luis Tosar. Cuatro décadas después de la primera ceremonia, la Academia del Cine español vuelve a enfrentarnos a una pregunta que ya no es coyuntural, sino estructural: ¿reflejan sus nominaciones la transformación real del sector o siguen evidenciando una desigualdad persistente?

Un 38 % de representación femenina: ¿avance o síntoma?

En 2026, la presencia femenina alcanza el 38% de las nominaciones, lejos del histórico 61% de la edición de 2024. Las cifras pueden que hayan mejorado en los últimos siete años, pero también exigen una lectura más profunda. No se trata tanto de alcanzar porcentajes, que también, sino de aumentar la representatividad y fomentar la igualdad de oportunidades.

Según el informe anual de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), en esta edición hay 90 mujeres nominadas frente a 146 hombres en las veintidós categorías competitivas. CIMA subraya que los datos “reflejan avances en igualdad, pero evidencian que la brecha de género y diversidad persiste en el cine español”.

El porcentaje confirma una tendencia de crecimiento sostenido en los últimos años. La pregunta es si ese avance es estructural o si sigue siendo frágil. La historia de los Goya demuestra que la presencia no siempre se traduce en reconocimiento y el análisis por categorías lo confirma.

Dirección: el techo que persiste

En cuarenta ediciones, solo tres mujeres han ganado el Goya a Mejor Dirección: Isabel Coixet, Icíar Bollaín y Pilar Miró. El dato es revelador no solo por su escasez, sino por su simbolismo. La categoría de Dirección es el espacio de legitimación máxima dentro de la industria del cine y a ojos del público.

En 2026 hay dos directoras entre las cinco nominaciones: Alauda Ruíz de Azúa y Carla Simón. Nunca se ha superado la proporción de 2/5 en nominaciones. Y los datos históricos obligan a ser prudentes. El acceso a la nominación no garantiza tradicionalmente el galardón, a pesar de que ambas directoras son las únicas nominadas que previamente han recibido el Goya a mejor Dirección Novel.

En Dirección Novel la situación parece ligeramente más alentadora, a pesar de que este año sólo opten al premio Gemma Blasco y Eva Libertad. Si bien, en los últimos diez años, siete mujeres han obtenido el premio, en términos históricos, solo once directoras han sido reconocidas en esta categoría. El patrón se repite: mayor presencia reciente, pero todavía una deuda acumulada.

La conclusión es clara: la autoría femenina está dejando de ser excepcional, pero aún su ausencia en la nómina de ganadoras no es plenamente estructural.

Fotografía y Dirección de Arte: territorios históricamente masculinizados

Si las nominaciones a mejor Dirección revelan un techo simbólico, las categorías técnicas evidencian resistencias aún más arraigadas.

En Dirección de Fotografía, solo una mujer —Daniela Cajías— ha ganado el Goya en cuatro décadas. Este año, Bet Rourich es la única nominada en la categoría. CIMA señala que la presencia femenina en este ámbito apenas alcanza el 21%, lo que confirma que sigue siendo uno de los espacios más masculinizados del sector.

La Dirección de Arte presenta una paradoja distinta. Aunque las mujeres ocupan entre el 60% y el 65% de los puestos profesionales según los informes de CIMA, ese peso no se traduce en premios. En cuarenta años de historia, únicamente Ana Alvargonzález ha sido reconocida en esta categoría.

La brecha, por tanto, no es solo de acceso, sino de legitimación simbólica.

Bet Rourich trabajando en rodaje como directora de fotografía

Reconocimiento frente a participación: la paradoja del sistema

El análisis transversal de las nominaciones deja entrever una constante: la representación femenina está creciendo, pero el reconocimiento no avanza al mismo ritmo.

En categorías tradicionalmente feminizadas —como Vestuario o Maquillaje y Peluquería— la presencia es mayoritaria. Sin embargo, esa feminización histórica no ha implicado necesariamente una consolidación del prestigio equivalente al de otras áreas.

En cambio, en ámbitos como Dirección o Fotografía, donde el capital simbólico es mayor, el avance es más lento y las cifras históricas siguen mostrando un desequilibrio notable.

El problema ya no es únicamente el acceso profesional. Las mujeres están aumentando su presencia en los equipos, lideran cada vez proyectos y sostienen departamentos clave donde antes no históricamente no tenían acceso. La cuestión es si el sistema de premios —como mecanismo de consagración— ha interiorizado plenamente ese cambio.

¿Cambio estructural o transición generacional?

La actual edición también muestra señales de transformación generacional. Directoras consolidadas y nuevas voces comparten espacio en las nominaciones. Equipos mayoritariamente femeninos trabajan en producción, arte, montaje o sonido. Las dinámicas internas de la industria parecen evolucionar, pero aún se encuentra en un periodo frágil para obtener conclusiones.

La consolidación definitiva de esa transformación depende de algo más que de un porcentaje anual. Depende de la continuidad en el tiempo, de la normalización de la presencia femenina en todas las categorías y, sobre todo, de su reconocimiento en aquellas que históricamente han concentrado mayor prestigio.

El 38 % no es una cifra menor, aunque sigue sin ser suficente. Nos ayuda a ver que existe un avance respecto a décadas anteriores, sin embargo, cuarenta años de historia obligan a una lectura crítica: la igualdad plena no se alcanza con una edición positiva, sino con una tendencia irreversible.

La historia del cine español demuestra que el talento femenino siempre ha estado presente. Lo que está cambiando ahora no es su existencia, sino su visibilidad. La incógnita que deja esta 40.ª edición de los Premios Goya no es si hay mujeres nominadas —que las hay—, sino si el reconocimiento institucional está preparado para asumir definitivamente que la excelencia no entiende de género.