La tragedia de lo que pudo ser
Hamnet (2025) | Crítica | Especial Oscar 2026
Por Paula Álvarez · CineFilm
La adaptación de la novela de Maggie O’Farrell explora el duelo de Agnes, la esposa de William Shakespeare, tras la muerte de su hijo Hamnet. Una película visualmente poderosa que, sin embargo, deja muchas de sus ideas dramáticas sin desarrollar.
En CineFilm continuamos con nuestro Especial Oscar 2026, una serie de miradas dedicadas a algunas de las películas que marcan la temporada cinematográfica y compiten en la 98.ª edición de los Premios de la Academia. Más allá de la competición, este especial propone una mirada crítica sobre las obras, sus discursos y el momento cultural que atraviesa el cine actual.
Una adaptación visualmente poderosa que prioriza la emoción
sobre la profundidad dramática.
Hamnet (2025)
Dirigida por Chloé Zhao
Reino Unido · 119 min
Este drama nominado al Óscar narra la historia de Agnes, la mujer de William Shakespeare, y el impacto que la muerte de su hijo Hamnet provoca en la familia.
Hamnet posee una fotografía que te lleva a las profundidades de la campiña inglesa, con sus colores otoñales y una cámara que observa silenciosamente en la distancia, como un halcón desde las alturas. La escena de apertura lo concentra perfectamente: la cámara en grúa que cae ligeramente de entre los árboles, hasta descansar sobre protagonista acurrucada entre las raíces. Además de esplendor cinematográfico, aporta sensibilidad simbólica: la posición fetal, un indicio de su porvenir con la maternidad; su vestido rojizo, se camufla con la tierra, mostrándonos que Agnes y el bosque no son duales, sino una unidad.

Además de actuaciones de calidad —especialmente las de Jacobi Jupe y Emily Watson—, el metraje incluye momentos conmovedores y roza ideas dignas de haber sido exploradas en mayor profundidad. Por ejemplo, la tensión entre la espiritualidad de Agnes y la brutal realidad que acecha a su familia. Tal es el caso de la escena en la que Agnes es incapaz de asimilar que su hijo ha fallecido y continúa buscando una cura entre sus ungüentos y especias. O como el arte puede permitir sentir de nuevo a los que ya no están, visto claramente en el final, en el que Shakespeare revive la memoria de su hijo mediante la representación teatral. En definitiva, esto es Hamnet en su máxima expresión: impecabilidad visual y contrastes que dejan huella.
“Entre líneas clichés y acciones exageradas, las emociones de Agnes no varían ni tienen capas, sino que se mueven en una escala entre la devastación y el amor maternal. El resultado es una caricatura de lo que podría haber sido un personaje más real y matizado.”
Lamentablemente, a pesar de sus aspectos positivos, la película prefiere poner su foco de atención en lo dramático de la historia, en vez de en los conflictos internos que la causan. Esto da lugar a una gran falta de contraste: cada palabra y cada silencio se subrayan como si fueran trascendentales, sin que la narración lo justifique. Si todo es trascendental, nada lo es. Para cuando llega el clímax de la historia, la emoción ya ha sido desaprovechada en momentos menores; como el parto de Agnes, la muerte de Hamnet o el monólogo de Shakespeare.

El ejemplo más evidente de esta falta de dimensión lo encontramos en nuestra protagonista. Resulta difícil sentir curiosidad o dudas respecto a Agnes, ya que cualquier sentimiento o pensamiento que atraviesa su mente es inmediatamente exteriorizado. Entre líneas clichés y acciones exageradas, las emociones de Agnes no varían ni tienen capas, sino que se mueven en una escala entre la devastación y el amor maternal. El resultado es una caricatura de lo que podría haber sido un personaje más real y matizado. No un mero vehículo narrativo con el que, de alguna forma, mantener la atención del público.
Sin embargo, sí hay una faceta oculta de Agnes que tiene un potencial desaprovechado inmenso: cómo antepone su superstición a todo, incluso a sus hijos. Cuando se descubre que va a tener gemelos, ella entra en negación porque había visto a dos hijos en su futuro, no a tres. Ahí está: no es hasta que le dan un significado simbólico a su nueva situación que cambia de parecer. Y así, de un segundo a otro, su hijo sí debe vivir.
Aunque prefiero no compararla a su origen literario, es imposible ignorar una cuestión que podría ayudarnos a entender qué es lo que falló con Agnes. A la hora de crear el personaje, la autora Maggie O’Farrell se inspiró en una idea de la ensayista Germaine Greer sobre el «vacío en forma de esposa, que los idólatras del bardo rellenaron con sus propias especulaciones». En vez de desmantelar esa idea de mujer idealizada, la película lo amplifica, presentando a Agnes casi más desde la perspectiva de Shakespeare, que la suya propia: una chica libre, extraña y fuerte, pero sin un mundo interior más allá de la superficie.
Asimismo, a lo largo de la película, las intenciones de la directora son sumamente obvias, hasta tal punto que los momentos de felicidad se sienten colocados estratégicamente solo para arrebatarlos después en un intento deliberado de causar tristeza. La historia no parece tener vida propia, rompiendo así una regla fundamental de un buen guion: que la trama dé la impresión de no haber podido suceder de otra manera.

Fuente: Focus Features
En última instancia, muchos de los dilemas con Hamnet parecen surgir de una decisión consciente de priorizar el impacto emocional, con arquetipos familiares para la audiencia, por encima de un interés temático real que lo desafíe. Y es que parece haber otra película bajo la superficie: una con más sustancia, que intenta sobrevivir en esos instantes fugaces de genialidad.
Al final, la verdadera tragedia no es la historia de Hamnet, sino el potencial que tenían las ideas que se decidieron no explorar. Todo ello a favor de manufacturar el llanto del público, generando así la impresión de ser una mejor película de lo que es.
Ser o no ser. Tristemente, ahí está.

Nominaciones de Hamnet (2025)
Liza Marshall, Pippa Harris, Nicolas Gonda, Steven Spielberg y Sam Mendes
Jessie Buckley
Diseño de producción: Fiona Crombie; Decorados: Alice Felton
Nina Gold
Chloé Zhao
Maggie O’Farrell, Chloé Zhao.
Novela: Maggie O’Farrell
Malgosia Turzanska



