Offside (2006):
Mujeres, fútbol y absurdo
en el cine de Jafar Panahi
Especial Jafar Panahi
Por Juan San José · CineFilm
La tercera entrega del Especial Jafar Panahi analiza una de sus películas más ligeras en apariencia y más incisivas en su fondo: una comedia sobre prohibición, vigilancia y resistencia femenina en el espacio público iraní.
En Offside (2006), Jafar Panahi vuelve a situar a las mujeres en el centro de su cine, pero esta vez desde un registro distinto: la comedia. A partir de un grupo de jóvenes que intentan entrar en un estadio de fútbol del que tienen vetado el acceso por ser mujeres, la película convierte el absurdo de la norma en una forma de denuncia lúcida, humanista y profundamente cinematográfica.
Mujeres, fútbol y absurdo en el cine de Jafar Panahi
Offside (Fuera de juego, 2006)
Dirección: Jafar Panahi
Guion: Shadmehr Rastin y Jafar Panahi
Fotografía: Mahmoud Kalari
Montaje: Jafar Panahi
Dirección artística: Iraj Raminfar
Producción: Jafar Panahi y Yousef Panahi
Compositores: Yuval Barazani, Korosh Bozorgpour
Reparto: Sima Mobarak Shahi, Safar Samandar, Shayesteh Irani,
M. Kheyrabadi, Ida Sadeghi, Golnaz Farmani,
Mahnaz Zabihi, Nazanin Sedighzadeh
Estudio/Distribuidor: Jafar Panahi Film
Producciones Artificial Eye
Irán · 93 min
Un estadio convertido en frontera
Un hombre mayor busca a su hija en un autobús de aficionados que se dirigen a ver un partido de fútbol de la selección de Irán contra Bahréin y de cuyo resultado depende su clasificación para el mundial de fútbol de 2006.
En otro autobús, viaja una joven vestida como un chico pues pretende entrar en el estadio, aun sabiendo que va a tener que sortear muchos obstáculos para poder ver el partido, porque sabe que no le permiten la entrada por el simple hecho de ser mujer. Evidentemente, también hay otras mujeres en otro autobús.
Cuando llega al estadio, la muchacha compra una entrada a un vendedor ambulante y observa como otra compañera de aventura se las ingenia para hacerse pasar por un ciego que va acompañado de un hombre mayor y un joven y así acceder al campo sin que los vigilantes se percaten del engaño.
Ella también intenta entrar, pero es detenida por el personal de control (que no son más que reclutas del ejercito) y la llevan a un espacio cerrado situado en la parte trasera de las gradas, justo en la zona alta del estadio. Allí están también otras cuatro valientes, vigiladas por Azari, un joven soldado.
Más tarde otra joven de actitud decidida y combativa se une al grupo. Se establece un debate entre el guardián y una de las jóvenes. Ella argumenta que no es ilegal ir a un partido de fútbol, pero el soldado Azari (Safdar Samandar) le contesta que los hombres dicen y hacen cosas malas durante los partidos, se lamenta también de que, si no fuera por las tonterías de la gente de Teherán, podría estar de permiso al cuidado de su ganado.
El soldado es el responsable de todas ellas, está enfadado, pero las chicas encerradas en aquel corralito entre vallas peatonales, como si fuesen alumnas de una escuela infantil, lo convencen para que permita a su subordinado Mashhadi (Mohammad Kheir-abadi) que las informe sobre la marcha del partido desde un vomitorio que está justo al lado. Y ellas se emocionan o se contrarían mientras escuchan la crónica del partido narrado por Mashhadi.

Durante el encuentro una chica necesita ir al baño, pero no hay baños para mujeres, así que Azari pide a Mashhadi que la acompañe. Y ella aprovecha su momento en el baño para huir entre la gente. Traen también esposada a otra joven que llevaba puesta ropa militar (ya son seis) y que estaba sentada en la sección preferente (parece ser que el disfraz es un agravante).
Aparece nuevamente el hombre mayor buscando a su hija e identifica que una de las detenidas es la amiga de su hija. El hombre intenta golpearla acusándola de llevar a su hija al estadio, pero el soldado Azari lo detiene.
La fugada del baño decide regresar al lugar donde están sus compañeras porque se sentía mal ya que podía meter en problemas a los reclutas. Mashhadi vuelve a informar sobre el partido e Irán marca un gol. Y, en esos momentos de máxima alegría, llega un autobús que llevará a las chicas a la Brigada Antivicio.
“Son relaciones de género en los que ambos no disponen de espacio alguno para un pensamiento propio, pero Panahi da preminencia, sin duda, a la batalla de las mujeres muy por encima de la de ellos.”
De camino en el autobús, Azari sostiene la antena de la radio del autobús para que puedan escuchar el final del partido. El partido termina, y las calles se llenan de gente celebrando la clasificación de Irán para el mundial.
En medio de la alegría general de la población por las calles, algunos se acercan al autobús y fuerzan a los soldados Mashhadi y Azari para que salgan a bailar con ellos. Es en ese momento cuando las jóvenes aficionadas al fútbol escapan del vehículo y se mezclan entre la gente mientras suena una canción patriótica que celebra la grandeza de Irán.
La comedia como forma de denuncia
Panahi da a Offside, un nuevo enfoque pues aquí las mujeres son capaces de resistirse a la opresión, aunque no logren completamente su objetivo. Desafían los roles de género y buscan sus momentos de felicidad a través de sus intereses y sus gustos.
Las adolescentes de esta película rompen las fronteras de género, hasta introducirse en los espacios específicamente masculinos y en parte, aunque no sea un gran triunfo saben plantear con determinación a otros jóvenes hombres, lo ridículo de la situación y poner a estos frente al espejo. Panahi ensalza la visión divergente de las adolescentes que desafían los discursos dominantes y reaccionarios.
Las mujeres y los hombres dentro del sistema
Pero Panahi , en contraposición a la representación combativa de las jóvenes, crea también unos personajes masculinos que no los vemos con un rechazo frontal, aunque estos muestren actitudes desde una óptica machista ejerciendo proteccionismo o paternalismo hacia las mujeres.
Pienso que quiere mostrarnos la fragilidad de unos individuos que son igualmente prisioneros de un modelo de sociedad que les obliga a comportarse ejerciendo unos roles culturalmente creados privándoles de un pensamiento libre que es consecuencia de un adoctrinamiento extremo.
Son relaciones de género en los que ambos no disponen de espacio alguno para un pensamiento propio, pero Panahi da preminencia, sin duda, a la batalla de las mujeres muy por encima de la de ellos.
Argumentalmente Panahi vuelve a contarnos historias en torno a las mujeres, pero en este caso hay una diferencia notable con otras películas suyas, aquí el estilo es el de comedia, manteniendo igualmente ese cierto grado de documental, pero incidiendo, principalmente, en la ridiculización y la burla de las normas sociales, en el absurdo modelo de la sociedad iraní.
Pero lo hace sin violencia, sin denostar a las instituciones, circunstancia que le sería fácil criticar. En este caso podría representar al ejército como algo reaccionario y autoritario, sin embargo, él pretende que su cine sea algo intemporal, que no esté sujeto al momento y por eso le gusta más mostrar el lado social y humanista por encima del político.
Aquí el ejército está representado por el soldado Azari, que es tan víctima como lo son las jóvenes a las que debe retener para que no vean el partido de fútbol. Al igual que en sus otras películas el espacio público ocupa un lugar preminente y le da a la historia una apariencia de autenticidad con una presencia indisimulada de la influencia del islam.
Y, desde esa esfera pública, proyecta también un mensaje terrible en el ámbito privado o familiar, como el caso del hombre mayor que busca a su hija porque sus hermanos podrían «matarla» si descubren que ha ido al partido de fútbol.

Una libertad mínima, pero conquistada
La amenaza del castigo o del peligro que aparece en las películas de Panahi parece marcado por el resultado del partido entre Irán y Bahréin. Eso va a decidir la resolución de la historia, porque los acontecimientos que suceden después del partido son los que permiten a las chicas lograr su libertad. La situación de las jóvenes parecía depender de un hecho fortuito, el triunfo de su selección para evitar la prisión y las multas que iban a tener.
Si nos detenemos un poco sobre los escenarios de la película, excepto las escenas iniciales, Offside se desarrolla en la zona del corralito en la que permanecen las jóvenes vigiladas por el ejército y en el trayecto posterior en bus que las llevará desde el campo de fútbol a la Brigada Antivicio. No tienen espacio para decidir por sí mismas. Al igual que les sucede a las mujeres en El circulo (2000), pero la diferencia es que en esta ocasión Offside se mueve en el terreno de la comedia.
Tanta batalla y determinación lleva finalmente a las protagonistas, no podía ser de otra forma, a lograr cierta recompensa, aunque solo sea por un instante. Una se obtiene con la celebración por la victoria de la selección, la otra es consecuencia de la lucha y del inconformismo por lograr la libertad, aunque presumamos que esta no va a durar mucho.
En un ejercicio de gran maestro, Panahi busca la complicidad del espectador nuevamente, al igual que en sus otras películas. Nos hace participar de una historia simple pero increíblemente emotiva, y en la que, por momentos, hasta nos hace sentir optimistas, aunque sepamos que no hay hueco para ese sentimiento en un país como Irán.

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