Conversación con Les Comadres
Conversación en torno a la IA y El hombre perfecto en el FICX63
Por Laura García Fernández · CineFilm
Con motivo de la proyección de El hombre perfecto (2021), dirigida por María Scharder, en el Teatro Jovellanos, organizada por la Tertulia Feminista Les Comadres, CineFilm se reunió en su sede para celebrar una entrevista a Begoña Piñero Hevia y Carmen Veiga Porto, que se unieron en una sola voz, más plural, para dialogar sobre esta película y su participación en el FICX a lo largo de estos
casi treinta años.
Evento: FICX63
Película amadrinada: El hombre perfecto (Maria Schrader, 2021)
Colectivo: Tertulia Feminista Les Comadres
Eje temático: Cine, feminismo e inteligencia artificial
Les Comadres y su relación histórica con el FICX
Desde el año 1987 la Tertulia Feminista Les Comadres lleva amadrinando una película del FICX a través del espacio “Pantalla para un debate”, con el objetivo de dar visibilidad al trabajo de las mujeres en la industria del cine. ¿Cómo valoráis esta experiencia? ¿Sentís que era una necesidad dentro de la programación del festival?
Desde el inicio, la Tertulia ha tenido dos formas de estar presente en el festival. Al principio, amadrinábamos películas dirigidas por mujeres que el FICX se encargaba de seleccionar. Más recientemente, somos nosotras quienes asumimos la elección de un filme vinculado a las jornadas que organizamos en el último trimestre del año, que en 2025 fueron sobre inteligencia artificial, y se la proponemos al festival. Cuando comenzamos, el FICX era un festival muy reconocido, pero la presencia femenina era escasa, tanto en el jurado como en la selección de películas. Nosotras ya veníamos proyectando algunos cortometrajes dirigidos por mujeres en la asociación, una experiencia que tuvo muy buena acogida y que nos animó a hablar con José Luis Cienfuegos. Al principio, se mostró sorprendido, pero finalmente entendió perfectamente nuestra demanda. Esta experiencia nos llevó a colaborar con la Asociación de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales (CIMA), con quienes creamos el Premio Comadre de Cine, para reconocer la trayectoria de las mujeres en la industria. Antes de nosotras, no había otros colectivos representados en el FICX, por lo que sentamos precedente no sólo como asociación feminista, sino también como pioneras a la hora de abrir espacio para otros colectivos.
Mujeres, cine y representación en los festivales
Este año el FICX ha contado con un total de 197 películas, de las cuales 110 (56%) han estado dirigidas o codirigidas por mujeres. En este sentido, ¿creéis que progresivamente el festival ha ido alcanzando cotas de igualdad real en su programación? ¿Diríais que es una cifra representativa del trabajo que actualmente realizan las mujeres en el sector audiovisual? ¿Cómo se puede seguir mejorando la visibilidad de las obras hechas por mujeres sin caer en dinámicas meramente simbólicas y de cumplimiento?
Gijón tiene una larga tradición feminista, con importantes avances como el primer gobierno paritario o el primer centro de planificación familiar municipal. Esta ciudad ha sido pionera en muchos aspectos relacionados con los derechos de las mujeres, lo que no es casualidad. Cuando fuimos con nuestra propuesta al FICX, ser feminista no era precisamente la mejor carta de presentación. Hoy en día, decirse feminista es más común, aunque también muchas personas se suman al movimiento de manera superficial. En cuanto a las cifras, la calidad no te la da ser mujer ni hombre, también hay hombres que entran en muchas programaciones para rellenar huecos. Lo que sí sabemos es que ser mujer en el cine implica enfrentar muchas más dificultades económicas y estructurales.
El hombre perfecto: IA, género y vínculos afectivos
En esta edición habéis programado El hombre perfecto (2021), una comedia romántica alemana de ciencia ficción dirigida y coescrita por Maria Schrader. ¿Por qué decidisteis escoger esta película?
Existía una gran preocupación por la responsabilidad de organizar unas jornadas sobre inteligencia artificial. A la hora de llevar esa temática al festival, conocíamos algunos títulos, pero ninguno terminaba de encajar del todo con nuestro ideario. Fue una de nuestras comadres, la directora y guionista Alicia Luna, colaboradora habitual en los guiones de Icíar Bollaín, quien nos recomendó la película. En la asociación la vimos, nos gustó y se la propusimos al festival. Finalmente, Alicia fue también una parte activa acompañando la presentación y el coloquio de la película en el Jovellanos.
En la cinta, su protagonista, Alma, participa en un estudio que la lleva a convivir durante unas semanas con Tom, un robot programado para ser su pareja ideal y encajar a la perfección con su personalidad y necesidades. ¿Estamos viviendo un presente donde la idea de un compañero humanoide ya no nos resulta tan extraña?
No me atrevo a afirmar que eso vaya a ser una realidad de aquí a pocos años, pero, de llegar a suceder, tengo claro que serían los hombres quienes lo utilizarían primero, sin duda. Por supuesto, “no todos los hombres”, afortunadamente. Esto se observa muy bien en una escena de la película donde aparece un señor junto a una pareja humanoide femenina: ella lo quiere, lo adora, le da la razón en todo, y él no se cuestiona absolutamente nada al respecto
A medida que la tecnología avanza, las posibilidades de relación entre máquinas y humanos aumentan, lo que nos lleva a reflexionar sobre la manera de vincularnos entre personas. ¿Hasta qué punto la opción de una pareja humanoide creada a nuestra medida puede alimentar expectativas imposibles de alcanzar en la vida real? ¿Nos hemos vuelto más selectivos y menos tolerantes en nuestras relaciones con los demás?
A las mujeres nos socializan para buscar al hombre ideal, por lo que podría pensarse que, en cierto modo, la idea que plantea la película sería cómoda para nosotras. Sin embargo, es precisamente en esa expectativa de un hombre maravilloso y perfecto, ya sea un robot o un humano, donde reside el error. La felicidad no tiene que ver con que todo sea ideal ni con que siempre te den la razón, sino con generar vínculos reales con otras personas. Puedes acabar siendo feliz con alguien con quien quizá no coincidas ideológicamente del todo, pero con quien te sientas a gusto. En esto, subyace también otro aspecto importante: a veces, por querer conquistar a una pareja, nos presentamos como no somos, tratando de que se produzca una simbiosis entre nuestra personalidad y la suya, y ese es el origen de muchos fracasos. Nosotras tenemos mucho más interiorizada esa “ley del agrado”, y se ve en todos los ámbitos de la sociedad.
La cinta presenta a Alma como una mujer independiente y plena, entregada a su trabajo, que no hace de su vida una búsqueda incansable de la “media naranja” y que parece poco interesada en los rituales del cortejo tradicional. ¿Os parece que su personaje ofrece una alternativa a los modelos de conducta femenina históricamente representados en las comedias románticas?
Creo que Alma es ante todo una mujer con conciencia feminista que sabe exactamente lo que quiere y que no basa su realización personal en la búsqueda de una pareja. Es una investigadora cuya vida gira en torno a su vocación profesional, y es en ese contexto donde se muestran sus verdaderas pasiones y desafíos. Incluso cuando el robot hace un descubrimiento relacionado con su trabajo, se produce un momento de gran vulnerabilidad para ella, y eso deja ver lo profundo que es su compromiso con su propia trayectoria y con sus metas.
En esta extraña pareja, es más bien Tom quien se presenta como un objeto, fabricado única y exclusivamente para satisfacer los deseos de Alma, y esa es la única razón de su existencia. ¿Creéis que la película cuestiona las lógicas tradicionales de género y las dinámicas de poder en las relaciones, o simplemente las reproduce desde el otro lado?
Pienso que la película busca intencionadamente mostrar esa inversión de roles. Hace unos años, ese intercambio de papeles habría resultado más llamativo, pero hoy en día puede asumirse con mayor naturalidad. Sin embargo, aún hay ciertos paradigmas tradicionales que persisten. Por ejemplo, en una relación todavía cuesta asumir que sea la mujer quien gane más dinero que el hombre; socialmente, eso sigue resultando incómodo, mientras que muchas mujeres aceptan ser quienes ganen menos en la pareja sin problema. Ese tipo de estructuras culturales son difíciles de cambiar. Tradicionalmente, las mujeres hemos estado más orientadas hacia una felicidad ligada al bienestar y la convivencia, más que a asumir el rol de proveedoras o a perseguir la satisfacción por medio de la acumulación de bienes materiales. En este sentido, tenemos que decir que de las pocas críticas negativas que recibimos sobre la película, la mayoría vinieron de hombres a los que no les gustó verse en ese papel de objeto al servicio de una mujer.
La película nos muestra elementos del romanticismo más tradicional: baños con pétalos, velas y gestos grandiosos, que Tom entiende como auténticas expresiones de amor, mientras que a Alma le resultan completamente marcianos. ¿De dónde viene la construcción de ese concepto de lo romántico? ¿Pensáis que ellos siguen atrapados en ese catálogo de gestos heredados del pasado, mientras que nosotras buscamos otros valores a la hora de relacionarnos?
Por supuesto, desde una conciencia feminista, ese tipo de romanticismo resulta muy difícil de asumir hoy en día, aunque también es cierto que hay mujeres a las que estos gestos les gustan o que simplemente no se han planteado cuestionarlos. La película muestra muy bien cómo la inteligencia artificial aprende a partir de estos patrones heredados que encuentra en el mundo y, si lo que recibe son referentes basados en ese tipo de clichés, es lógico que los replique como si fueran universales y deseables para todas las mujeres. Pero la película sí pone en evidencia que esas expresiones de amor provienen de un imaginario heredado del pasado y que no todas las personas -y, especialmente, no todas las mujeres- conectamos hoy en día con esa idea de lo romántico.
Masculinidades, romanticismo y crisis de los modelos tradicionales
Cuando Alma rechaza de plano estas demostraciones, Tom se muestra confuso y empieza a cuestionarse qué tipo de hombre debería ser. Esta desorientación, presentada en clave cómica en la película, nos habla de una masculinidad afectada también por los estereotipos patriarcales. ¿Pensáis que la película refleja la crisis de los roles masculinos que también observamos en la realidad?
Me gustaría que esa pregunta la respondieran ellos, porque son los hombres quienes mejor pueden hablar de esa crisis. Nosotras, en general, tenemos bastante claro lo que queremos: no buscamos a alguien que nos dé la razón en todo, sino a una persona -sea hombre o mujer- que entienda que no somos criadas, que pensamos por nosotras mismas y que tenemos libertad para actuar y decidir. Lo interesante de la película es que Tom, aunque sea una máquina, intenta comprender por qué ciertos gestos ya no funcionan, y ese esfuerzo por ajustarse a un modelo nuevo lo desborda por completo: literalmente colapsa, entra en cortocircuito y se estropea. Esa confusión refleja muy bien la desorientación masculina actual ante modelos que ya no encajan y ante mujeres que no responden al guión tradicional.

¿Qué diferencia veis entre la representación de la inteligencia artificial en esta película y la que aparece en Her (2013) de Spike Jonze, donde la IA incluso parece tomar decisiones propias e intervenir en la vida del protagonista?
Para mí, la diferencia principal es la corporeidad. En Her, el protagonista es un misántropo que encuentra una realidad alternativa en la que se siente a gusto, cada vez más dependiente de una voz que le responde exactamente lo que quiere oír; es una idealización pura, casi abstracta. Incluso aquí, al tratarse de una máquina femenina, se refleja algo de esa “ley del agrado” de la que hablábamos antes. En El hombre perfecto, en cambio, la IA tiene una presencia física: se puede tocar, se puede interactuar, incluso puede mantener relaciones sexuales. No hay idealización: es una realidad tangible.
Her está contada desde un punto de vista muy masculino, centrado en la fantasía y la idealización, mientras que la película de Schrader plantea un enfoque más cercano a la realidad física y lo afectivo. Por supuesto, Her abre también otros debates interesantes, como el temor a que las máquinas puedan llegar a pensar por sí mismas. Son dos películas que integran la inteligencia artificial en su argumento, pero lo hacen de formas muy distintas.
Hoy en día, seguimos construyendo relaciones que aún operan bajo los postulados del amor romántico, a la par que asistimos a prácticas que parecen marchar un poco a la contra de sus dinámicas, como el celibato voluntario o un enfoque intensivo en el desarrollo personal. ¿Creéis que estos fenómenos sociales responden a un deseo legítimo de bienestar, o pueden acabar fomentando un individualismo que nos lleve a la desconexión emocional con los demás?
Me preocupa mucho más la moda de las “tradwives”, que promueve la vuelta de la mujer al hogar entre las chicas jóvenes, o la creciente tendencia hacia la ultraespiritualidad. Me inquietan porque el patriarcado sigue en todas ellas: cambia de forma, pero continúa operando. Este tipo de grupos que exhiben su vida de cara a la galería siempre existió, pero ahora, con tantos medios de comunicación y canales para darse a conocer, es inevitable que se propaguen y adquieran adeptos de forma más rápida. Al final, cualquier ser humano busca la felicidad; según los referentes de cada época, uno se inclina hacia un lado u otro. Pero son movimientos muy individualistas. Y, aún así, conviven con lo contrario: cuando ocurre una catástrofe, aparecen voluntarios por todas partes. En el fondo, hay un deseo de reacción frente al individualismo, aunque eso también puede ser peligroso. Entre la gente joven están surgiendo muchas facciones integristas, tanto en la religión como en la política, que responden justamente a eso: “soy individual, pero cuando me tocan, soy manada”. Son fenómenos que, sinceramente, me desconciertan mucho.
Tecnología, capitalismo y afectos
La película plantea la posibilidad de que una máquina pueda llegar a entendernos mejor que otro ser humano o, al menos, que sea capaz de simularlo. ¿Creéis que, a través de la IA, las lógicas económicas actuales están llegando incluso a capitalizar nuestros afectos, creando necesidades que antes no teníamos?
Sí, exactamente. La primera vez que vimos la película nos reímos mucho pero, más allá de ser una buena comedia, nos pareció que planteaba cuestiones a tomarse muy en serio. Por ejemplo, si la gente se cree que estos robots son accesibles para todos, cualquiera -hombre o mujer- que apenas llegue a fin de mes, incluso pasando necesidades básicas, puede empezar a pensar que tiene derecho a uno. Y no son sólo los robots. La tecnología nos marca lo que debemos poseer y nos crea necesidades que antes no teníamos, como instalar una alarma en casa o comprarnos el último modelo de iPhone. Es una forma de controlar nuestra vida cotidiana y de imponer prioridades que en realidad responden más a intereses económicos que a nuestras necesidades reales.
Dado que muchos de estos sistemas tecnológicos son creados por empresas y equipos mayoritariamente masculinizados, ¿es posible que exista una IA feminista? ¿Dependería de cómo se programase, de los valores que incorpore o de los usos que podamos hacer de ella? ¿Podríamos entrenarla?
Para que eso ocurra, en primer lugar tendría que haber una mujer -o muchas- con poder y con un enfoque feminista. De lo contrario, vamos hacia una deriva terrible. Silicon Valley está dominado por hombres, muchos de ellos al servicio de causas muy cuestionables. Antes, el poder económico estaba en manos de familias con nombres y apellidos; ahora, sigue habiendo nombres y apellidos, pero el motor que mueve el mundo ni siquiera es Trump, sino que gran parte del poder se diluye en fondos y estructuras muy difíciles de rastrear, lo que dificulta aún más la exigencia de responsabilidades. Hoy en día, la inteligencia artificial no está controlada por los gobiernos, sino por un grupo muy poderoso que actúa con total libertad. Como ciudadanía, debemos presionar para que los gobiernos sean capaces de poner límites a esa impunidad, ser conscientes de la huella digital que dejamos, de los datos que regalamos y exigir muchas más cosas a la IA, empezando por el tipo de trato que queremos recibir, porque en gran medida es también una cuestión de entrenamiento y de los valores que decidamos incorporar.
Además de su falta de conciencia feminista, la IA pueden llegar a tener un nivel de censura muy alto y ser extremadamente puritana.
Sí, sin duda. Son muy puritanas en lo que consideran aceptable: no tienen problema en mostrar violencia, asesinatos o tragedias, pero si aparece una teta se descontrolan. Esto refleja un sesgo muy fuerte que también está presente en la sociedad. Distopías como las que describen Huxley, Orwell o Atwood cobran cada vez más sentido: nos dicen cómo debemos comportarnos, qué roles debemos asumir, cómo debemos vivir. Y la IA lo reproduce, lo refuerza y, en muchos casos, lo amplifica. Deberían servirnos de ejemplo otros campos como la medicina, donde gracias a la IA se están logrando avances muy importantes. A nivel social, parece que aún vamos a la zaga.
Mirada al futuro
¿Hay alguna película del FICX63 que queráis recomendar?
Me gustó mucho Nouvelle Vague (2025), de Richard Linklater. Además de ser una buena película, introduce una historia que aún está por contar: la de las mujeres dentro del movimiento. Siempre se habla merecidamente de Agnès Varda, pero hubo muchas otras. Por ejemplo, las montadoras eran fundamentales, como Lila Herman o Cécile Decugis. Sin ellas, películas como Al final de la escapada (1960), de Jean-Luc Godard, no serían lo que hoy conocemos. Lo mismo pasa con las actrices, como Jean Seberg, una especie de Marilyn Monroe a la francesa, que sufrió un trato muy injusto. Son figuras que vale la pena estudiar y reivindicar, no como asistentes o iconos, sino por su verdadera aportación a la historia del cine.
De cara al futuro, ¿habéis pensado ya algo para el FICX64?
Primero habrá que escoger el tema de las jornadas y, en función de eso, se definirá la película. Las propuestas que presentamos desde la Tertulia siempre tienen un gran éxito de público y la gente ya va directamente a buscarlas en el programa, una acogida que nos anima a seguir participando en cada edición.
