Premios Goya 2026 | Técnicas:
el talento que construye la película | Especial

Las categorías técnicas de los Premios Goya 2026 evidencian el peso real del talento femenino en la arquitectura del cine español. Sin embargo, la visibilidad y el reconocimiento siguen sin corresponderse plenamente con su presencia profesional en estos oficios.

Sonido: la experiencia sensorial como construcción narrativa

En cuatro de las cinco películas nominadas a Mejor Sonido participa al menos una mujer. Candela Palencia interviene en dos de ellas (El cautivo y Los tigres), consolidando una trayectoria que trasciende el ámbito nacional.

El sonido es uno de los elementos más invisibles y determinantes del lenguaje cinematográfico. En Los Tigres, la captación de secuencias subacuáticas transforma la tensión narrativa en experiencia física. La respiración contenida, la presión del agua y el diseño de ambientación construyen una atmósfera claustrofóbica que no depende de la imagen, sino de la percepción auditiva. La capacidad técnica y creativa de Candela Palencia a la hora de conjugar en el máster de sonido la mezcla de diálogos, efectos y grabaciones de ambiente, acentúan aún más esa sensación de angustia.

A partir del siguiente clip de audio extraído de una escena de Los Tigres, te invitamos que hagas el ejercicio de tratar de percibir todos los sonidos trabajado en la mesa de mezclas. ¿Cuántos sonidos puedes identificar?

Y otro ejemplo del reconocimiento a las sonidistas españolas lo encontramos en el trio que forman Amanda Villavieja, Laia Casanovas, Yasmina Praderas, que representarán este año a España con la nominación a Mejor Sonido en los Premios Oscar 2026, gracias a su talento para transmitir el brutalismo más primitivo de lo salvajes graves de una rave en Sirât, mezclado con la acústica del desierto, el movimiento motorizado de la caravana, los ecos mientras atraviesan los ríos secos, la continua vibración del viento, o simplemente la oquedad del puro silencio. Capas tras capas sonoras trabajadas en la mezcla de montaje.

Fotografía, arte y montaje: categorías por reconocer

Como se indicaba en el análisis sobre género y representación, dentro de las veintidós categorías que completan la 40.ª edición de los Goya, es necesario subrayar la falta de representatividad de mujeres en las nominaciones a mejor dirección de fotografía (Bet Rourich), mejor montaje (Victoria Lammers) y mejor dirección de arte (Laia Ateca Font), con apenas una nominación por categoría.

Bet Rourich estuvo nominada la pasada edición por Un amor (2023), de Isabel Coixet, y gracias al planteamiento fotográfico y a la gran capacidad interpretativa de Laia Costa se pudo llevar trasladar a la pantalla la adaptación de la novela de Sara Mesa.

En Los domingos Rourich sabe captar y transmitir el atrapamiento que siente la protagonista, no sólo físico sino también mental, a la hora de sopesar sus dudas sobre cómo abordar su futuro, recurriendo para ello a grandes angulares en espacios interiores de un piso, tan compartimentados, como se puede observar en la siguiente escena, una de las más delicadas de la película, el momento en que Ainara presiona a su padre para que le deje pasar más tiempo con las monjas.

Planos-contraplanos que juegan con las espaldas de los personajes en primer término, movimientos a través de espacios que se hacen pequeños por el hecho de ser una gran familia, forzando la incapacidad de un padre para ejercer su papel frente a sus hijas, así como la perfecta ejecución de los contrapesos dentro de los planos para subrayar esa conversación tan incómoda frente alguien que no quiere mirar a la cara ni escuchar.

Por otra parte, la gran ausencia de este año es la directora de fotografía Hélène Louvart que ha ejecutado una obra maestra, una vez más, con la película que finaliza la trilogía que Carla Simón dedica a sus padres. Louvart, consagrada por Lazzaro feliz (2018) y La Quimera (2023) de Alice Rohrwacher, así como La hija oscura (2021) de Maggie Gyllenhaal o la reciente Eleanor the Great (2025) de Scarlett Johansson, ha sabido captar con la cámara todo ese proyecto documental en los que lleva años inmersa Carla Simón y que esta vez nos traslada al otro lado de la geografía para abrir los ojos a la bahía de Vigo, la mayor entrada por mar de la droga consumida en España en los años 80 y 90.

Según apunta Camera&Light, Louvart habría utilizado un «cámara Alexa 35 y ópticas Cooke s4, además de los zoom Angenieux EZ 30/90mm-15/40mm-45/165mm».

romería (c)mario llorca 05a1261
Fotografía de Mario Llorca

En este sentido, CIMA lo deja muy claro:


Logo de CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales de España

En Dirección de Fotografía, preocupa que en más de cuatro décadas de los Premios Goya solo una mujer, Daniela Cajías, haya sido reconocida con el galardón; no obstante, se trata de un ámbito históricamente masculinizado donde la presencia femenina sigue siendo muy reducida, apenas un 21 % según el Informe CIMA 2024


En cuanto a la Dirección de arte, Laia Ateca Font, nominada por Sirât, ha construido el universo de una rave desértica, al más puro estilo universal de Mad Max, con una ballena mitológica que traga polvo, arena y cenizas. Un gran autobús tuneado que viaja empujado por la desesperación de un padre que busca a su desaparecida. Si algo destaca de la labor de Ateca ha sido la capacidad para concretar en imagen el extraño y etéreo pensamiento de Oliver Laxe y trabajar con un equipo multicultural que, según sus palabras: ha superado todas las expectativas, no pensábamos que tendría tanta repercusión.

Y su dirección artista capta la esencia incómoda de quien transita en un ambiente que, si ya de por sí es agreste, lo acentúa más profundizando en los límites del ambiente inmersivo de las raves que requieren de una puesta en escena muy estudiada, aunque pueda parecer lo contrario, para alcanzar a transmitir ese nirvana psicodélico que induce la electrónica. Los paisajes, esas cuevas como catedrales sonoras, la estética de los personajes y los extras, los decorados, esos altavoces que al inicio se van compilando, la propia suciedad del interior de los vehículos o el maldito polvo sahariano que parece como si hubiera sido colocado cuidadosamente en cada rincón donde apunta la cámara.

Resulta obligado exponer, una vez más, las conclusiones del informe de CIMA:


Logo de CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales de España

“Más llamativo resulta el caso de Dirección de Arte: a pesar de que las mujeres ocupan aproximadamente entre el 60 % y el 65 % de los puestos desde hace años (Informes CIMA), ese peso profesional no se traduce en premios. En cuarenta años de historia, únicamente Ana Alvargonzález, por Pa negre, ha obtenido el Goya en esta categoría, lo que evidencia una clara desconexión entre la amplia participación femenina y su reconocimiento en los principales galardones.”


Vestuario y maquillaje: identidad, clase y memoria visual

Las categorías de Vestuario y Maquillaje muestran una presencia femenina ampliamente mayoritaria. Sin embargo, esa feminización histórica, como bien apunta CIMA, no siempre ha implicado un reconocimiento proporcional.

Nerea Torrijos, nominada por Gaua, continúa explorando el imaginario fantástico vasco, construyendo una estética que trasciende la recreación histórica para convertirse en universo simbólico. El diseño y la concepción de esta estética no es para nada novedosa y menos en el cine que desde hace unos años viene produciéndose en el País Vasco. Nerea Torrijos ya había trabajado con Urkijo en Errementari (2017) e Irati (2022), en esa apuesta por rescatar la mitología de su tierra para construir un nuevo mundo imaginario.

En cuanto a ambientaciones, España goza de grandes talentos, no sólo en el cine, también en las producciones televisivas. Por eso no es de extrañar que Helena Sanchis, figurinista de series de éxito como Gran Reserva, Velvet, o Las chicas del cable, esté nominada por el diseño de La cena, donde representa esa dualidad estética entre el lujo y la pobreza, los vencedores y los vencidos, los fascistas y los republicanos, en una recreación histórica ambientada en la España de la inmediata postguerra. El vestuario no solo define época; define jerarquía y conflicto ideológico.

Nicoletta Taranta, encargada de vestuario y Ana López-Puigcerver, Belén López-Puigcerver y Nacho Díaz, responsables de maquillaje y peluquería, construyen la estética de los personajes de El cautivo. Una película que te traslada a lo que podría ser un Argel a principios del siglo XVII con las dificultades documentales que esto conlleva y que obras pictóricas de la época ayudan a rellenar los claroscuros de unos ropajes que desde luego en la película de Amenábar no son meros trapillos, transpiran humanidad.

Anna Aguilà ha sabido interpretar a la perfección los intereses de Carla Simón a lo largo de sus tres películas y lo que consigue con Romería no pasa desapercibido porque confronta la estética de una payesa con la actitud estatuaria de la familia gallega, que a su vez guarda semejanzas con el trabajo de Ana Martínez Fesser en Los domingos porque de sobra es conocido que la clase media alta no entiende de fronteras a la hora de vestir, todos sus personajes acaban en los mismos probadores de marca. Un vestir sobrio, solemne, frio, conservador y extremadamente pulcro. Una imagen que contrasta con la libertad estética de una joven que ni siquiera se plantea por qué no lleva sujetador o se deja crecer los pelos en el sobaco.

Los últimos cuarenta minutos de Romería son de tal calidad que los protagonistas acaban desnudos, vestidos de sí mismos, sin necesidad de mostrar nada más que sus cuerpos. Y en eso incluso Anna Aguilà, hace un excelente trabajo cuando decide dar la puntilla transformando a una juventud que quería comerse el mundo en unos punkis fantasmas consumidos por la heroína. La coreografía de Tuixén Benet y Anna Macau se apoya en Aguilà para construir un número musical que acaba por romper el corazón al recordar a una generación que desparecieron en un breve lapso. 

Presencia consolidada, jerarquía desigual

El panorama técnico de los Goya 2026 muestra una realidad clara: las mujeres están plenamente integradas en la estructura industrial del cine español. Producen, gestionan, diseñan, mezclan sonido y construyen identidades visuales con normalidad profesional.

La brecha ya no se manifiesta exclusivamente en el acceso. Se desplaza hacia la jerarquización simbólica de los oficios. Las categorías con mayor capital cultural siguen concentrando el prestigio, mientras que otras, pese a su complejidad y responsabilidad, permanecen en segundo plano.

El talento femenino sostiene buena parte de la arquitectura invisible del cine español. El desafío no es demostrar su competencia, sino integrar plenamente ese trabajo en la narrativa institucional de excelencia.

Los Premios Goya 2026 no solo reflejan quién gana un cabezón de bronce, también qué trabajos consideramos centrales cuando hablamos de cine. Y en esa arquitectura, las mujeres ya no son excepción: son estructura.