Dos mujeres y un destino:
Fisher vs Reynolds
Especiales | Homenajes
Por Juan Canteli Maza · CineFilm
A finales de este año se conmemorará el décimo aniversario de la muerte de dos grandes estrellas de cine, Debbie Reynolds y Carrie Fisher, madre e hija, fallecidas repentinamente con apenas un día de diferencia, el 27 y 28 de diciembre de 2016.
Con motivo de esta efeméride, CineFilm recuerda a ambas actrices desempolvando de la filmoteca la película que se inspira en la relación maternofilial entre ambas actrices: Postales desde el filo (Postcards from the Edge, 1990). Una historia dirigida por Mike Nichols y escrita porCarrie Fisher, basándose en su autobiografía.
Dos mujeres y un destino
Postales desde el filo (Postcards from the Edge, 1990)
Dirección: Mike Nichols
Guion: Carrie Fisher
Fotografía: Michael Ballhaus
Montaje: Sam O’Steen
Dirección artística: Kandy Stern
Producción: John Calley, Robert Greenhut, Neil A. Machlis, Susan MacNair y Mike Nichols
Compositora: Carly Simon
Reparto: Meryl Streep, Shirley MacLaine, Dennis Quaid, Gene Hackman, Richard Dreyfuss,
Rob Reiner, Mary Wickes, Conrad Bain y Annette Bening
Estudio/Distribuidor: Columbia Pictures
Estados Unidos · 106 min
Carrie Fisher y Debbie Reynolds: una relación llevada a la ficción
Si bien Postales desde el filo (Postcards from the Edge, 1990) no pretende convertirse una reconstrucción exacta de su vida, Carrie Fisher se inspiró en un episodio personal muy concreto para escribir esta tragicomedia: su ingreso en un centro de desintoxicación, con apenas veintiocho años, después de sufrir una sobredosis accidental que le condujo casi a la muerte, y a la tutela que ejerció su madre durante el proceso de recuperación.
Meryl Streep encarna a Suzanne Vale, una actriz de cine con una carrera inestable a causa de su adicción, que vive a la sombra de los éxitos que su madre, Doris Man. Interpretada por Shirley MacLaine, Doris es el alter ego de Debbie Reynolds, una de las estrellas del firmamento de Louis B. Mayer en la época dorada de Hollywood, que cosechó varios éxitos en la gran industria del cine, pero cuya carrera culminó con la grave repercusión que los medios sensacionalistas hicieron de su sonado primer divorcio. Un acontecimiento basado en un hecho real puesto que el cantante Eddie Fisher abandonó a su familia, habiendo cumplido Carrie apenas dos años, para casarse con Elizabeth Taylor, viuda de productor Mike Todd, que era a su vez amigo de la familia y había fallecido recientemente en un trágico accidente de avión.
No fue el único divorcio en la familia Reynolds-Fisher. Carrie, dos años antes de su ingreso en la clínica, contrajo matrimonio con el cantante Paul Simon, después de siete años de idas y venidas. Un hecho que no se menciona en Postales desde el filo, pero que deja cuenta a través de los personajes ficticios interpretados por el deslumbrante cabello dorado de Dennis Quaid y los azulados ojazos de Richard Dreyfuss. A este último si le hubieran sustituido el estetoscopio por una guitarra, se había convertido perfectamente en el autor de Hearts and Bones.
De ahí que la película cuente con dos espectaculares actuaciones musicales que hablan de ambas actrices: la primera interpretación de Suzanne versionando la canción de desamor de Ray Charles, You Don’t Know Me, y la segunda de Doris cantándole a la estrella que aún sigue dentro de ella y a la fuerza por levantarse y enfrentarse a los problemas, con I’m Still Here, una pieza del musical Follies que Debbie Reynolds cantaba a menudo en sus giras musicales.
Suzanne es la “hija de”, pero lejos de etiquetarse como una nepo baby, ella no olvida quién es y de donde viene, reconoce los privilegios heredados, es consciente que su adicción procede de un entorno inseguro y trata de construir su identidad, a pesar de las dificultades. Tras su paso por un centro de desintoxicación, a fin de convencer a la industria de su sanación, con la mítica frase I’m clean, Suzanne debe lidiar con los inconvenientes que genera una madre posesiva, marcada también por los traumas de su propio pasado.
Meryl Streep y Shirley MacLaine frente al espejo maternofilial
Streep y MacLaine, amigas cercanas a Fisher y Reynolds, trasladan a la pantalla la unión emocional que sustenta esta relación maternofilial y la necesidad mutua, a veces sobrepasando la toxicidad, para sobrevivir bajo el foco de la opinión pública.
Fisher, al igual que Suzanne, se crio en un entorno privilegiado y aprovechó las facilidades del camino iniciado por sus padres para labrarse una carrera que estuvo marcada especialmente en esta época por su participación en la primera trilogía de la Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977, 1980, 1983) llegando a convertirse a partir de la segunda cinta, en un icono sexual de los 80, mientras trataba de lidiar detrás de las cámaras con sus adicciones a las drogas.
Lamentablemente, no fue la única hija de una estrella de cine que acabó consumiendo drogas. De su generación, también fueron víctimas del abuso de sustancias actrices como Melanie Griffith, Jamie Lee Curtis y su hermana Kelly Curtis, Tatum O’Neal o Lorna Luft, cuya hermana Liza Minnelli y madre Judy Garland sufrieron adicciones; y actores como Christian Brando, Griffin O’Neal, Robert Downey Jr. o Charlie Sheen.
Con estos nombres no se pretende hacer una lista morbosa sobre ellas. Cada una llegó a las drogas por distintos motivos y no necesariamente en todos los casos sus padres fueron la influencia directa de su consumo, aunque sí otro tipo de sustancia estaban normalizadas en aquella época, pudiendo influir, al igual que la presión mediática y el acceso directo a la venta por el entorno en el que se criaron.
Pese a ello, Debbie Reynolds insistió que la representación de su adicción al alcohol, tal y como se muestra en la película, era rotundamente falsa. Algo que le molestó bastante al principio, pese a la explicaciones por parte de Fisher de que se trataba de una licencia creativa para reforzar el vínculo entre madre e hija, en igual de condiciones.
La cosificación de los cuerpos de las actrices
A lo largo de la película se representa en varias ocasiones la presión que recibían las actrices para mantener su imagen dentro de los cánones de la industria, siendo sus carreras validadas fundamentalmente a partir de la cosificación de sus cuerpos y no por su talento interpretativo. Escenas como al inicio de la película cuando el director Lower Kokchek (Gene Hackman) se ensaña con Doris al descubrir que está consumiendo:
«Me da igual lo que hagas con tu cuerpo en tu tiempo libre, pero este es mi tiempo y mi película. Y no voy a permitir que una actricilla, mimada, egoísta y encocada me hunda la película. Espero que sepas comportarte y sepas colaborar en estos dos últimos días o te mato. Te mataré antes de que lo hagas tu y lo haré mejor porque estás tan colgada que segura mente fallarías.»
La conversación entre madre e hija delante del agente:
DORIS
Ya sabes el refrán «lo que vale, cuesta»
SUZANNE
Si, por eso no consigo adelgazar
DORIS
¿Adelgazar? Tesoro, si algo bueno que tienes es una buena figura, en cambio yo, mira mi estómago, esto es gordura…
SUZANNE
Mamá, era una broma (con ironía)
Pero, sobre todo, la escena en que Suzanne escucha a escondidas la conversación entre el director de cine (Simon Callow) y la jefa de vestuario (Dana Ivey), al tiempo que se va sintiendo más avergonzada y culpable, tratando de ocultarse entre la ropa de atrezzo:
DIRECTOR DE CINE
¿Y no le podemos poner una faja o algo?
JEFA DE VESTUARIO
Con ese vestido no. Podríamos usar unos pantys con cintura reforzada, pero no creo que sea suficiente
DIRECTOR DE CINE
De acuerdo, de acuerdo. Lo que sea, pero haga algo. ¡Ah! Y tendrá que llevar pantalones largos, y no cortos.
Sus piernas por arriba son muy…
JEFA DE VESTUARIO
…bulbosas. Tiene celulitis.
DIRECTOR DE CINE
Si ojala evitáramos que comiera tanto.
Supongo que al haber dejado las drogas tiene que hacer algo.
¿Cree que podríamos hacer que empezara a fumar?
JEFA DE VESTUARIO
¿ Y qué vamos a hacer cuando llegue la escena de cama, señor Asquith?
DIRECTOR DE CINE
Falsearemos el ángulo, supongo
Sus pechos, están bastante caídos, ¿no cree?
JEFA DE VESTUARIO
Bueno, si la echa de espaldas como indica el guión, las tetas le irán a parar bajo los sobacos.
DIRECTOR DE CINE
Qué desagradable.
Bien, quizá debería comprar un camisón o algo así. ¿Sabe? Cuando la contraté no sabía que estaba tan mal de cuerpo.
Pero imagino que si aún estuviera en forma no la hubiéramos conseguido.
JEFA DE VESTUARIO
Perdona que se lo diga, señor Asquith, pero con la fama que tiene, suerte ha tenido de conseguir trabajo.
Logró hundir su propia carrera. Esto supone una oportunidad para ella
DIRECTOR DE CINE
Supongo que sí.. pero es triste, ¿no cree? Con lo bien que estuvo en Una noche llena de zapatos
Espero que no cause problemas a su departamento.
Ojalá hubiera contratado a Valerie Rogers…
JEFA DE VESTUARIO
Valerie si que tiene un cuerpo fantástico.
Una persecución por el cuidado de su imagen que no terminó en los años 80. Carrie Fisher volvió a denunciar públicamente que para su regreso a la saga Star Wars: El despertar de la fuerza, la industria le obligó a adelgazar para recuperar su papel.
Finalmente, en el tercer acto de la película, hay una escena en la que Suzanne maquilla a su madre después de su accidente de tráfico, en la habitación del hospital, creando un climax intimo entre ambas, donde se ve a la propia Shirley MacLaine sin peluca ni maquillaje, con canas y signos de alopecia y falta de vello en las cejas. Algo que finalmente comenta el personaje y que hace referencia a los crueles procedimientos que imponían a sus actrices los estudios de cine para convertirlas en imágenes estereotipadas:
DORIS
¿Me han quedado cejas?
SUZANNE
Algo, creo, aún quedan restos
DORIS
Me revienta no tener cejas
SUZANNE
Ya lo sé
DORIS
Desde que me las afeitaron en el estudio no me han vuelto a crecer más
Y acaba mostrándose el proceso de reconstrucción de su imagen a manos de su hija mientras comparten recuerdos del pasado.
Hollywood, adicción, apoyo y exposición pública
Con Postales desde el filo Fisher no pretendía vengarse de su madre o de la industria, simplemente habla con naturalidad de una experiencia vivida y la película se convierte en un ejercicio catártico para superar ese antes y después, con total libertad, sin avergonzarse ni limitarse en el qué dirán. De modo que su película transmite naturalidad gracias al arco de transformación de la protagonista, Suzanne, que no lucha necesariamente contra nadie, sino que busca aceptarse, reconstruirse y redimirse, sin excusas ni víctimas.
Esta forma de enfrentarse a los problemas, buscar ayuda, contar con apoyo y hablar libremente de ello sin que resulte un estigma, era algo propio de Fisher y Reynolds. No solo en temas personales como supuso sus sonados divorcios o los problemas con las drogas, también a la hora de apoyar a comunidades socialmente estigmatizadas, entre ellas el colectivo LGTBIQ+ o las personas afectadas por el VIH.
Una efeméride para volver a mirar la película
Y en el terreno personal, aunque el enfrentamiento constante entre madre e hija sea el vehículo principal de la trama, la sonoridad entre ambas mujeres acaba por unirlas. Resulta curioso ver la película en la actualidad porque el trágico final de sus vidas, con el fallecimiento consecutivo de ambas, acabó demostrando que en su relación las similitudes las acercaba más que el rechazo que podía suponer sus diferencias. Carrie y Debbie parecían unidas por el hilo invisible de las moiras que las enlazaba en cada conflicto y reencuentro, hasta sucumbir en una imponente telaraña llena de los nudos que construyen las relaciones más intensas.














