Jafar Panahi ante el dilema
del perdón en Un simple accidente (2025)

Especial Jafar Panahi

Jafar Panahi ante el dilema del perdón en Un simple accidente (2025)

Un simple accidente (It Was Just an Accident, 2006)
Dirección:
Jafar Panahi
Guion:
Jafar Panahi
Fotografía:
Amin Jafari
Montaje:
Amir Etminan
Dirección artística:
Iraj Raminfar
Producción:
Jafar Panahi, Philippe Martin. Coproductores: Sandrine Dumas y Christel Henon
Compositores: Yuval Barazani, Korosh Bozorgpour
Reparto:
Vahid Mobasseri, Maryam Afshari, Ebrahim Azizi, Hadis Pakbaten, Majid Panahi, Mohamad Ali Elyasmehr, Georges Hashemzadeh, Delmaz Najafi y Afssaneh Najmabadi
Estudio/Distribuidor: Jafar Panahi Film 
Producción:
A Jafar Panahi Prods., Les Films Pelléas producción, en coproducción con Bidibul Prods., Pio & Co, Arte France Cinéma, en asociación con Memento, MK2 Films, con el soporte de l’Aide aux cinémas du monde – Centre national du Cinéma et de l’Image animée – Institut Français, Film Fund Luxembourg. (World sales: MK2 Films, Paris.)
Irán-Francia-Luxemburgo · 105 min

El accidente que abre la herida

La historia comienza con una imagen familiar en la que un hombre de aspecto atlético, su esposa embarazada y su hija menor de unos ocho años viajan en su coche por una carretera de noche con destino a su casa.

De pronto notan que han chocado con algo, el conductor se baja del vehículo y cuando regresa comenta que ha arrollado a un perro. Se produce un cierto grado de congoja y preocupación, especialmente en la niña que viaja en el asiento trasero empatizando con el sufrimiento del pobre animal. El padre intenta suavizar el acontecimiento y le dice que solo es un simple accidente. “Seguro que Dios lo puso en nuestro camino por alguna razón”, dice la esposa, incapaz de comprender el significado que este hecho va a causar en sus vidas.

El vehículo ha sufrido algunos daños y necesita que un mecánico lo revise. Tiene un encuentro casual con un motorista que le ofrece su ayuda amablemente, como haría cualquier buen ciudadano. Le dice que dispone de algunas herramientas en su taller y puede hacerle una reparación provisional.

En este taller trabaja Vahid (Vahid Mobasseri), y ahí se va a encontrar con Patapalo (Ebrahim Azizi), el apocado conductor y padre de familia que acaba de tener el accidente y que camina con una pierna ortopédica que produce un determinado chasquido al hacerlo.

Desde la distancia, sin que ambos se vean directamente, el visitante le pregunta a Vahid por la caja de herramientas. Este consigue responderle, pero observamos que está bajo un estado de gran agitación y nerviosismo porque el sonido tan característico de la pierna ortopédica de este hombre cuando camina ha despertado en Vahid todo un torbellino de recuerdos que creía superados.

Plano del desierto con una furgoneta y una figura junto a una zanja en Un simple accidente (2025), de Jafar Panahi
El desierto como espacio de espera, juicio y desconcierto en Un simple accidente (2025)

Este acontecimiento, imprevisto y casual es el que va a dar origen a toda una compleja historia en la que los protagonistas (porque se incorporarán nuevos actores a este suceso) deben enfrentarse a un dilema moral de gran relevancia ya que Vahid ha iniciado un camino sin retorno pues, en un impulso irrefrenable, ha decido secuestrar a este hombre. Y así van apareciendo las víctimas del supuesto torturador al que llamaban Patapalo porque Vahid necesita asegurarse bien quién es realmente este individuo y que es lo que va a hacer con él. Como si de una investigación policial se tratase, cada una de las victimas aportarán datos para dar con la verdad.

Sin embargo, esta se oculta debajo de complejas capas. Nadie lo vio nunca, porque tenían los ojos vendados, uno reconoce el sonido de los pasos, otra el olor del hombre, el fuerte olor a sudor que tenía, otro la voz, pero nadie es capaz de identificarlo visualmente. ¿Es este Eqbal, así es su nombre, el opresor, el torturador, el miserable que marcó sus vidas para siempre, o simplemente es un buen padre de familia que está esperando un segundo hijo? 

«Es el momento de la confesión, de la deliberación, de la condena o del perdón […] Nos interroga también a nosotros, los espectadores, sin poder encontrar una respuesta fácil»

Secuestro, memoria y duda moral

Y mientras se hacen esta pregunta los acontecimientos se suceden en un permanente conflicto, porque nadie quiere volver al pasado, todos intentan rehacer sus vidas, reconstruirse: la fotógrafa (Mariam Afshari) hace reportajes de boda, los novios (Madjid Panahi, Hadis Pakbaten) desean iniciar una vida en pareja aunque suponga ocultar amargas experiencias, el alocado Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr) un individuo impulsivo al que tienen que controlar no tiene momentos para la reflexión y solo quiere actuar. Todos hacen sus razonamientos, sin saber muy bien hacia donde van.

Una llamada al teléfono del secuestrado lo desbarata todo, pues se ven obligados a intervenir también en la vida familiar de la víctima que los lleva a tener que vivir situaciones cada vez más cómicas y absurdas.

Grupo de personajes junto a una furgoneta, con una novia vestida de blanco, en Un simple accidente (2025), de Jafar Panahi
Grupo de personajes junto a una furgoneta, con una novia vestida de blanco, en Un simple accidente (2025), de Jafar Panahi

Un giro combativo en el cine de Panahi

Un simple accidente es un salto importante en la filmografía de Panahi porque nos habíamos acostumbrado a verle en pantalla protagonizando sus películas, actuando como un gran observador, cuidando que su presencia no alterase los acontecimientos, sin intervenir en exceso para que nuestra atención no se desviase de aquello que nos quería contar.

Panahi era el investigador que no deseaba contaminar las pruebas, el sociólogo, un hombre de aspecto bonachón que nos mostraba los rasgos culturales de las gentes de Irán, sus tradiciones, sus supersticiones, sus contradicciones, sus ritos y sus creencias, siempre a través de una mirada analítica.

Esto se aprecia muy bien en Tres caras (2018) que a través de la historia de una adolescente que quiere ser actriz nos cuenta como son las relaciones familiares, de vecindad, el peso que tienen las tradiciones…muestra, en definitiva, el pensamiento de las gentes del mundo rural.

Lo mismo sucede en Taxi Teherán (2015), aquí utiliza el recurso del conductor de un taxi al que se van subiendo personajes para construir una historia de una riqueza extraordinaria y, lo más importante, sirviéndose de los escasos recursos que disponía pues debía sortear la censura y la prohibición del régimen. Puedo asegurar que hay muy pocos directores en el mundo que puedan hacer este cine con ese grado de lucidez.

El humor absurdo como forma de resistencia

Pero no deseo desviarme de la idea sobre la peculiaridad de su última película, en la que aquí él no aparece en pantalla. Sigue utilizando el humor como recurso con situaciones estrafalarias y absurdas a veces bastante cómicas, pero a su vez plantea una situación que calificaría como de un combate.

Parece querer decirnos que este Irán se tiene que acabar, que se debe pensar ya en un nuevo futuro, en el que el fundamentalismo ya no esté en sus vidas. Y aquellos que sufrieron dolor, persecución y tortura, de la que el propio Panahi tiene una buena experiencia, deben afrontarlo haciéndose preguntas como ¿qué hacemos? ¿Esperamos nuevos acontecimientos? Y si estos acontecimientos suceden, ¿cómo debemos actuar?

Introduce muy acertadamente una referencia a la obra de Samuel Beckett, Esperando a Godot en esa escena del desierto iraní, un lugar desolado con un solo árbol sin vida, como si fuese el decorado de una obra de teatro, y donde los protagonistas se preguntan sobre lo absurdo de una situación que no consiguen dominar, sin saber muy bien qué camino tomar.

Rodar en clandestinidad, filmar contra el miedo

No olvidemos tampoco que la película fue rodada nuevamente de forma clandestina, por eso vemos muchas imágenes en paisajes vacíos, lejos de miradas indiscretas. Y también escenas tomadas desde el interior del vehículo o planos generales de la ciudad de Teherán desde puntos de observación que no fuesen susceptibles de llamar la atención.

Toda la película es un acto de rebeldía y de denuncia, no solo por la propia historia también en su puesta en escena, hasta las actrices salen sin pañuelo, un riesgo que ellas mismas decidieron asumir. Pero Panahi se nos muestra aquí en plan combativo.

Juicio final: confesión, castigo y perdón

Para concluir, observemos que la presencia de Eqbal, el secuestrado, ha permanecido a lo largo del filme como alguien sin visibilidad, apenas ha participado en la historia, aunque hablan de él en muchas ocasiones, sin embargo, apenas lo conocemos. Todo el protagonismo lo adquiere en los 15 últimos minutos finales.

Y así, como si se tratase de una película de juicios, es en estos momentos en los que hay que poner sobre la mesa todos los debates y todas las discusiones internas entre los implicados y presentar ¿las pruebas?, ¿acaso las hay?

Hemos dejado atrás los viajes por la ciudad, las situaciones surrealistas y absurdas, las disputas… Ahora, inesperadamente, todo se concentra en esta escena de gran complejidad y fuerza dramática. Es el momento del interrogatorio al acusado frente a Vahid y la fotógrafa porque los demás ya se han ido. Es el momento de la confesión, de la deliberación, de la condena o del perdón. Y nos interroga también a nosotros, los espectadores, sin poder encontrar una respuesta fácil.

Después de haber recibido la Palma de Oro del Festival de Cannes de 2025 Un simple accidente se presentó también este año representando a Francia al Oscar al Mejor largometraje internacional 2026. Creo que hubiera sido un buen momento para que Hollywood premiase a un cineasta como Panahi, un artista que califico de gran maestro, y pasara a ocupar un lugar en el olimpo del cine, el lugar que le corresponde.

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